Internacionales - 18.04.2017

El silencio de los fusiles

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Un líder de la guerrilla de las FARC y un alto representante del Gobierno colombiano aplauden entusiasmados tras ver juntos el documental El silencio de los fusiles en el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI). Están sentados en la misma fila, al terminar el pase comparten complicidades. Escenas como ésta, hace unos meses impensables en un país que ha sufrido más de medio siglo de guerra, comienzan a colarse en la cotidianidad de una sociedad marcada por la violencia. El silencio de los fusiles, de Natalia Orozco, es el mayor esfuerzo hecho hasta ahora por filmar el conflicto FARC-Estado desde dentro

"Sólo por ese instante los cuatro años de trabajo valieron la pena. Sirvió para demostrar que los colombianos somos capaces de reconciliarnos, de sentarnos uno frente al otro para reivindicar el arma más poderosa, que es la palabra", dice Natalia Orozco, directora de la película. En el estreno coincidieron el presidente Juan Manuel Santos; el jefe negociador del Gobierno en La Habana, Humberto de la Calle, y alias Pastor Alape, miembro del Secretariado de las FARC, entre otros guerrilleros. Todos felicitaron a la autora. Un hecho inédito en un país que continúa fuertemente polarizado pese al acuerdo de paz alcanzado a finales de 2016 (en el plebiscito de octubre la oposición ganó por una estrecha distancia).

Fue durante su trabajo como corresponsal en la Guerra de Libia en 2011 cuando Natalia Guerrero comenzó a elaborar la idea de regresar a su país para rodar una historia que sirviera como homenaje a las ocho millones de víctimas causadas por el conflicto armado más antiguo del hemisferio occidental. "Soñé con grabar el camino hacia la paz en Colombia". Cuando a finales de 2012 las FARC y una delegación del Gobierno comenzaron en Cuba las conversaciones para alcanzar un acuerdo, la directora se trasladó hasta allí. En los cuatro años siguientes viajó 25 veces desde Bogotá (la capital colombiana) y Medellín (su ciudad) a La Habana.

"Hacía 16 años que vivía fuera de Colombia, aunque había estado atenta a los acontecimientos de mi país. Me tocó cubrir la extradición de los narcotraficantes a Estados Unidos y el juicio al guerrillero Simón Trinidad desde Washington", recuerda. También grabó un documental sobre Guantánamo, ejerció el periodismo en África y siguió la pista de la comunidad gitana en Europa. El regreso fue tan estresante como inspirador: "Estaba convencida de que estaba viviendo algo histórico, pero al principio me costó mucho ganarme la confianza de las FARC en La Habana".

En la capital cubana coincidió con la guerrillera apodada Camila Cienfuegos, a la que entregó un papelito donde solicitaba entrevistarse con el jefe de la delegación, alias Iván Márquez. "Son una organización muy jerárquica, primero tenía que conseguir la aprobación de los mandos más altos. Los dos primeros años desconfiaron de mí, creían que iba a filtrar información al Gobierno. Ellos han sobrevivido tanto tiempo gracias a su increíble labor de inteligencia. Saben con quién hablas, dónde vives, qué movimientos haces cada día".

Pablo Catatumbo, uno de los líderes farianos más veteranos, fue el que la dejó penetrar en la escurridiza realidad guerrillera. Él protagoniza algunos de los momentos más potentes del documental. Las cámaras se cuelan en una conversación íntima con su madre, ferviente defensora del presidente Santos. "Me interesaba retratar el lado más íntimo de ambos bandos. No juzgar, pero tampoco justificar las acciones de ninguno de ellos. Para mí es tan culpable la guerrilla que secuestraba y mutilaba como el Ejército que mató a civiles [se refiere al escándalo de los 'falsos positivos', campesinos asesinados que hicieron pasar por guerrilleros para cobrar recompensas] y los políticos que robaron plata".

El silencio de los fusiles reúne un exhaustivo mosaico de voces: incluye entrevistas con los guerrilleros más destacados (desde el líder Timochenko hasta Alexandra Nariño, la holandesa de las FARC), con el equipo del Gobierno (el presidente, el Alto Comisionado para la Paz Sergio Jaramillo y Henry Acosta, figura clave como intermediario en la fase inicial de diálogos) y con mandos militares como el General Javier Flórez. Hay un esfuerzo evidente por lograr un equilibrio en pantalla entre los dos bandos enfrentados. "Lo que hice fue plantear preguntas que se hace cualquiera ante la guerra y la violencia, y a partir de ahí, permitir a cada uno ofrecer su visión".

La película, que se estrena en las salas de cine de Colombia el 20 de julio (día de la independencia nacional), se podrá ver antes en España, en el festival DocsBarcelona (del 18 al 28 de mayo). Su autora aspira a "exportar al mundo el ejemplo del proceso de paz en Colombia". Le gustaría que sirviera para superar el tópico del narcotráfico y la violencia. "Los colombianos tenemos una capacidad increíble de resiliencia, de adaptarnos positivamente a situaciones complicadas".

Sueña con que la película se pueda ver "en la Colombia profunda", pero también generar debate "en los estratos cinco y seis (las clases altas de las ciudades), que han permanecido tan indiferentes frente a la violencia".

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