Internacionales - 18.10.2016

Rusia honra a sus zares

Rusia parece dejar atrás el mal recuerdo de sus zares.
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El sangriento siglo XX parecía haber saldado todas sus cuentas con la ciudad de Voronezh, hoy un importante puerto fluvial de la Rusia más occidental, que logró resistir el asedio nazi durante la Segunda Guerra Mundial. El responsable del padrón municipal avisó con cierto sobresalto de que se había registrado a un bebé bajo el nombre de Stalin. Esa misma semana en Surgut (región de Siberia) militantes comunistas inauguraron un busto en recuerdo del mismísimo Josif Dzhugashvili, verdadero nombre del dictador que gobernó la Unión Soviética con mano de hierro desde finales de los años veinte hasta su muerte en 1953.

Los líderes crueles siguen brillando en Rusia. La escultura de Surgut ha sido retirada por carecer de permiso, pero cuatro de cada 10 rusos creen que Stalin hizo "más bien que mal", según un estudio difundido este año por el Centro Levada. En 2012 eran apenas dos de cada 10. En Orel, 350 kilómetros al sur de Moscú, otra figura controvertida está de vuelta: 'Iván el Terrible'. La ciudad inauguró el pasado viernes una estatua en la que el antiguo emperador aparece a caballo, esgrimiendo una cruz y una espada.

El gobernador local equiparó al zar con el actual líder ruso, Vladimir Putin. "Hoy tenemos un presidente poderoso que ha obligado al mundo a respetar a Rusia e inclinarse ante nosotros, igual que hizo Iván el Terrible", presumió Vadim Potomsky. Putin jamás ha ordenado decapitaciones ni empalamientos como los que le gustaban a Iván IV, que reinó entre 1547 y 1584 sembrando la muerte en ciudades como Novgorod. Sin embargo, ambos son considerados responsables del reforzamiento del poder de Moscú sobre las regiones y engrandecimiento de Rusia: el zar conquistando tierras lejanas como Siberia, y el actual presidente recuperando Crimea y frenando a la influencia de EEUU en Europa del Este y Oriente Próximo.

Grandeza para engrasar el sistema
La grandeza sigue siendo tan necesaria para engrasar el sistema. "Desde el colapso de la URSS muchos ciudadanos rusos mantienen el sentimiento de humillación por la derrota en la Guerra Fría", explica en analista Andrei Koleshnikov. El desafío a la sanciones de Occidente y la muestra de músculo militar en escenarios como el sirio son una pomada para que cicatricen esas heridas. Pero esas aventuras militares han dejado tocado al sistema ruso en lo económico, igual que le ocurrió a 'Iván El Terrible' en sus últimos años de reinado, antes de morir mientras jugaba una partida de ajedrez.
El sobrenombre del controvertido zar es un perfecto ejemplo de la ambivalencia con la que Rusia se enfrenta a su pasado: la palabra rusa 'grozny' quiere decir "terrible" pero también "formidable". Los rusos miran hacia atrás y ven dolor, pero también gloria. "Hubo muchas muertes ordenadas por él, pero sin Stalin no hubiésemos echado a los alemanes", explica Serguei, un moscovita cómodamente instalado en la cincuentena. Galina, nacida 10 años antes que él, echa de menos un orden que apenas llegó a conocer: "La mano dura de entonces es la única manera de poner a raya a tanto bandido como hay ahora". La percepción del líder soviético en Rusia es menos negativa en la actualidad que cuando cayó la Unión Soviética, pese a que cada vez es más conocida su relación con los más de 10 millones de muertos que dejó el régimen soviético en Rusia hasta el día de su muerte.

Fuente: elmundo.es
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