Internacionales - 07.06.2016

El Titanic tiene su propio museo

Su forma de estrella es alusiva al nombre de la compañía comitente del barco, la White Star Line
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Unas 100.000 personas -procedentes de 20 países- participaron de la inauguración del museo.
Unas 100.000 personas -procedentes de 20 países- participaron de la inauguración del museo.
Dos bengalas lanzadas al cielo en la ciudad de Belfast (Irlanda del Norte) marcaron la apertura del resplandeciente «Centro Titanic» (www.titanicbelfast.com), construido al lado de la rampa en la que, el 31 de mayo de 1911, el titánico trasatlántico fue botado por los astilleros “Harland y Wolff”.

La exposición, de 14.000 m2 y que costó 154 millones de dólares, es uno de los numerosos proyectos que Irlanda del Norte sueña con concretar para impulsar el turismo en una tierra que estuvo marcada en las últimas décadas por la violencia social y los conflictos sectarios.

Hasta ahora, la ciudad nunca supo mostrarse orgullosa de haber “dado a luz” al buque: durante casi un siglo, la sola mención del Titanic provocaba rechazo entre los habitantes, avergonzados, en cierta manera, por la asociación de su ciudad a una tragedia que causó más de 1.500 muertes la madrugada del 15 de abril de 1912.

Unas 100.000 personas -procedentes de 20 países- participaron de la inauguración del museo. Su forma de estrella es alusiva al nombre de la compañía comitente del barco, la White Star Line, aunque también se vincula a la imagen de cuatro proas (en tamaño real) surcando el océano. El centro de exposiciones está cubierto con 3.000 paneles de aluminio y sus seis plantas contienen nueve galerías que cuentan la historia del barco a vapor y del Belfast de principios del siglo XX.

Las grandes galerías de espacio interactivo, una sala donde se realiza virtualmente una exploración submarina del naufragio, recreaciones de las cabinas y camarotes, un lujoso comedor y un salón de conferencias completan la exposición. Pero no tiene objetos de la época del Titanic. Todo es nuevo, recreado como los originales, desde el mobiliario hasta las vajillas, y los efectos especiales y experiencias en tercera dimensión llevan al visitante a la leyenda.

Es conmovedora la experiencia de usar las modernas pantallas táctiles de la Galería 7, que narran las consecuencias de la tragedia y permiten leer la lista de pasajeros. Antes de llegar a esa sección, otras seis galerías “pasean” al visitante por la Belfast de principios de siglo XX, agitada por su división religiosa y política.

La Galería 4 recrea con todo tipo de detalles la vida a bordo del barco, con réplicas de los camerinos de primera, segunda o tercera clase y de la misma escalera donde Leonardo di Caprio esperó a Kate Winslet en la película de James Cameron. Mientras, la siguiente galería está dedicada al viaje inaugural y a la ruta seguida por el Titanic hasta que chocó con el iceberg. La galería 6 es, quizá, la más dramática de todas. Con efectos visuales y sonoros de última generación reviven las últimas horas del buque.

Para conocer más detalles sobre la construcción y botadura del Titanic desde una perspectiva diferente, se aconsejará a los visitantes subirse a bordo de una de las barcazas de “The Lagan Boat Company”, que zarpan del cercano Muelle de Donegall. Sus guías inician este paseo con una frase que ha pasado a la historia y que ayudó a los ciudadanos de Belfast, habituados al humor negro sobre el barco: “¡Estaba bien cuando salió de aquí!”.

Bajo la cubierta de la “Barcaza de Belfast”, ocupada por una confortable cafetería, el visitante podrá remontarse el pasado industrial y marítimo de la capital de Irlanda del Norte a través de una exposición bautizada como “La mayor historia jamás contada”. Con fotografías, mapas, películas, documentos sonoros y diversos artefactos, se proponen mostrar el legado de miles de personas que contribuyeron a crear uno de los centros industriales más avanzados de principios del siglo XX.

En el muelle también se puede visitar el restaurado transbordador del Titanic, el SS Nomadic, que transportaba a los pasajeros desde el puerto francés de Cherbourg al Titanic y a su barco hermano, el Olympic. Lo regresaron a Belfast en el 2006, recuperado de un desguace después de haber terminado sus días como restaurante flotante sobre el Sena de París.

Otros negocios de la ciudad están sacando partido del gran día vendiendo cerveza Titanic y whisky Titanic en los bares y papas fritas Titanic en las tiendas. Incluso los locales de pescado frito (una comida muy popular en el Reino Unido) y “chips”, así como las cafeterías del este de Belfast fueron renombrados después de que la estación de tren que hay cerca del edificio Titanic también adquiriera el nombre del navío esta semana.
Los encargados de promocionar el turismo en Irlanda del Norte esperan que el Museo Titanic Belfast lidere la campaña. Su objetivo es que la exposición del “barco de los sueños” reciba 125.000 visitantes por año desde todas partes del mundo.
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