Internacionales - 13.04.2016

El Cristóbal Colón del espacio

Yuri Alexeievitch Gagarin fue en el primer hombre en orbitar la Tierra.
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Gagarin falleció en un accidente áereo.
Gagarin falleció en un accidente áereo.
Fue el Cristóbal Colón del espacio. Hace 55 años, y cuando el mundo era otro mundo, Yuri Alexeievitch Gagarin, que con esos nombres y ese apellido bien pudo ser un personaje de Dostoievsky, se convirtió en cambio en el primer hombre en orbitar la Tierra, en salir de la atmósfera, en adentrarse en una inmensidad todavía no develada. Fue el primer hombre en el espacio, el pionero, el adelantado, el colonizador, si aquello se hubiese colonizado.

Todo duró 108 minutos: sólo una órbita a la Tierra. Gagarin, que era un chico de 27 años recién cumplidos, casado y con dos hijas, mayor de la fuerza aérea de la entonces Unión Soviética, tripuló, como único piloto y tripulante, la nave espacial Vostok 1, trepó 302 kilómetros de altura a una velocidad de 20 mil kilómetros por hora y dejó atrás la gravedad de la Tierra, en un cachivache con una consola inferior a la de un videojuego y menos memoria en su cabina de mandos que la que tiene hoy el celular de todos los días.

Fue parco, muy soviético, no dejó ningún mensaje para la historia, como haría ocho años después el primer hombre en pisar la Luna, Neil Armstrong. A Gagarin le computan una frase en la hora y 48 minutos de su hazaña: “El vuelo se desarrolla con normalidad y yo estoy bien”.

Al llegar a la Tierra sano y salvo, obró como lo que se suponía era un buen comunista. Dijo: “Informen al partido, al Gobierno y personalmente a Khruschev que el aterrizaje del navío cósmico en el que me encontraba se efectuó normalmente”. Después fue menos formal y más preciso: “El cielo es totalmente oscuro y la Tierra tiene un color azul muy claro”.
Aquel mundo de entonces estaba metido en los pantanales de la Guerra Fría. El Khruschev al que quería Gagarin que le informaran de su aterrizaje, era el líder del comunismo mundial y estaba enfrascado en derrotar a los Estados Unidos en la carrera espacial que apenas había empezado y que no tuvo como origen, al menos en el alma de los soviéticos, conquistar un mundo nuevo, sino espiar desde el espacio a los Estados Unidos, que a su vez espiaban desde el aire a la URSS con sus aviones asentados en bases aéreas instaladas en Turquía y Afganistán. Así lo cuenta en un libro fantástico Serguei, el hijo de Khruschev que vive en Rhode Island.

La verdad era que la URSS aventajaba entonces a los Estados Unidos. En 1957 había lanzado el primer satélite artificial, “Sputnik”, y en noviembre de ese año otra nave tripulada por una perrita, “Laika”, que murió al llegar a Tierra: la primera mártir del espacio. La osadía soviética hizo que un periodista le preguntara a un prestigioso científico estadounidense qué pensaba la ciencia americana que hallarían en la Luna. Y el tipo contestó “Rusos”.

Fuente. clarin.com
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